La sierra
Para los crevillentinos la sierra ha significado y significa mucho. Actualmente, la sierra es el patrimonio más valioso que tiene Crevillent. Una sierra que albergó a los primeros pobladores de nuestro término municipal hace más de diez mil años al abrigo de la Ratlla del Bubo y en otros enclaves también antiquísimos como les Moreres o el Frare, que tiene poblamientos de hace casi tres mil años como Penya Negra-Herna y otros posteriores de íberos, musulmanes… Una sierra viva, importante, colmatada de culturas y de restos arqueológicos.
Una sierra por la cual se interesó el paleontólogo y geólogo Daniel Jiménez de Cisneros hace más de cien años y la puso en valor y supo estimarla desde una perspectiva científica al ver sus formaciones rocosas y los abundantes fósiles.
Una sierra que es la nuestra y a la cual tanto amamos, tanto que nos atreveríamos a decir que sin ella no sabríamos vivir. Cómo dice Lionel Terray en su libro La conquista de lo inútil: “no somos nosotros los que conquistamos las montañas, sino que la montaña es la que nos ha conquistado a nosotros”.
Y si queremos ser más prosaicos, podemos decir lo siguiente: la sierra de Crevillent es una cordillera de los sistemas béticos, con orientación suroeste a nordeste. Abraza los términos municipales de Crevillent, Albatera, la Murada, Aspe, Hondón de las Nieves, Hondón de los Frailes y Abanilla. A pesar de ser una única cordillera, cuando se adentra en diferentes términos al de Crevillent, se la conoce por el mismo nombre de la población que cruza, como por ejemplo la sierra de Albatera o la sierra de la Murada. La sierra de Crevillent está constituida esencialmente por calizas blancas liásicas y jurásicas. Las altitudes principales son: El Picatxo de Sant Gaietà (o Sant Gaitano) (817 m), Sant Juri (794 m), El Puntal (792 m) y La Vella (835m), la montaña más alta de la comarca.
Nuestra sierra es árida en su vertiente sur, la solana, con terrenos escarpados y escasa vegetación que no sea arbustiva, con alguna lengua de pinos localizada en barrancos o umbrías, mientras que en la vertiente norte la vegetación arbórea es importante, fundamentalmente pinos. La solana destaca por su biodiversidad y la riqueza floral con plantas aromáticas como el romero, el tomillo, la piperela, el cantueso… Así mismo abunda también el esparto, utilizado antiguamente para hacer capazos, esteras y otros utensilios.
En la sierra destacan las antiguas construcciones de piedra seca en forma de márgenes para aprovechar terrenos, abancalarlos y cultivar algarrobos, almendros y olivos. También se construyeron cabañas de piedra (que nosotros llamamos chozas) como refugio para los mismos labradores, pastores o trabajadores de canteras. Por cierto, este tipo de construcciones han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Una sierra que se ha excavado buscando el más preciado tesoro para la vida de un pueblo que no es otro sino el agua, y esto desde los tiempos más remotos. Una sierra que también ha sido refugio y lugar de esparcimiento de cazadores, de leñadores, de excursionistas, de espeleólogos, de escaladores, de jóvenes que iban a comerse la mona y a descubrir el amor…
Así mismo, la sierra también ha sido el refugio de conocidos bandoleros cono Manuel Manchón El Català, los Mojicas y el más famoso de todos: Jaume Alfonso el Barbut o el de la serra.
Una sierra que ha estado viva, que está viva todavía y que mediante estas antiguas fotografías podemos solo divisar, atisbar como si nos gritara y nos guiñara un ojo, y nos invita a ir al mismo tiempo que nos exige nuestro respeto y atención.
Cabañas de piedra que eran viviendas como la desaparecida choza de los Brufaus. El Castell Vell. Un intrépido montañero en la aguja que está cerca de la cumbre del Picatxo de Sant Gaietà (o Sant Gaitano) y la piedra de La Bigotilla con unos “exploradores”.
Los cazadores siempre han estado presentes en nuestra sierra. La caza era una forma de conseguir alimento y, por otro lado, de eliminar animales que se consideraban nocivos.
Y en la sierra también se cocina y se canta y se toca la guitarra y se limpian las paellas.
Y la gente sube a la sierra con animales, con mulas y borricos, principalmente. La sierra es un punto de reunión y de cultivo de la tierra.
Y el agua mueve molinos: los molinos de la Fuente del pueblo y los molinos de la mina la Cata.
El acueducto dels Pontets junto con los qanats son emblemáticos de todo un sistema de riego.
El paraje dels Anouers donde podemos observar la antigua ermita de Sant Gaietà (Sant Gaitano). La finca de Els Molins que cumplió su función como albergue infantil de verano acoge en la actualidad el Centro Educativo del Medio Ambiente (CEMA).
El nacimiento de agua del Barranc Fort, donde había una balsa que, como tantas otras, además de destinarse al riego servía para refrescarse en los bochornosos estíos. La popular piscina pública dels Carafals en el Sext Molí, cerca dels Pontets.
Miembros del Centro Excursionista de Crevillent fundado en 1954.
En la cumbre del Picatxo de Sant Gaietà (Sant Gaitano) miembros del Centro Excursionista construyeron una capilla.
En la cumbre de la Vella que, con sus 835 m, es la montaña más alta de la comarca.
Sierra de deporte, de esparcimiento y de culto.

