IMÁGENES DE CREVILLENT:
LA LUZ DE UN PUEBLO
IMÁGENES DE CREVILLENT:
LA LUZ DE UN PUEBLO
Hay imágenes que no transforman la historia global, pero definen con precisión quiénes somos. «La luz de un pueblo» reúne instantes y memorias compartidas que forman parte del alma de Crevillent.
Esta obra nace del compromiso del Grupo Enercoop y la Cooperativa Eléctrica con la preservación de un archivo gráfico de incalculable valor humano, garantizando la conservación de nuestro patrimonio visual.
DESCARGA LA VERSIÓN PDF DEL LIBRO
LA LUZ DE NUESTRA MEMORIA
La Cooperativa Eléctrica ha cumplido 100 años dando impulso a Crevillent en cada uno de los pasos con los que ha avanzado durante el siglo de mayor progreso de su historia. Ha aportado tracción, luz y energía, siendo testigo mudo de los momentos clave que han marcado el devenir de su recorrido. Si bien el tiempo nunca para, cifras tan redondas como un centenario parecen invitarnos a tomar un pequeño alto en el camino, mirar hacia atrás y reflexionar sobre todo lo que nos ha hecho llegar hasta aquí.
Desde nuestra querida Cooperativa Eléctrica Benéfica San Francisco de Asís, empresa matriz de Grupo Enercoop, nos acercamos a estas páginas con el profundo respeto que merece la memoria colectiva de Crevillent, sabiendo que contemplar estas imágenes nos hace vernos reflejados en la esencia que ha dado forma a lo que somos.
La historia de un pueblo no se escribe únicamente con fechas y nombres propios, también se escribe con las luces y sombras que conforman la imagen de lo que fuimos. Instantes fugaces capturados que, al detener el tiempo, nos permiten comprender mejor de dónde venimos y nos ayudan a reflexionar sobre a dónde queremos llegar.
En estas páginas se deja ver un pueblo en blanco y negro que afronta el futuro como un desafío. Lo que a priori parece que no son más que escenas congeladas en el tiempo, nos deja entrever muchas más cosas de las que un simple vistazo muestra. Nos acerca nuestras costumbres, a nuestro trabajo, nuestros ancestros y a nuestro pasado.
Nos muestran a un pueblo emprendedor y orgulloso, arraigado en sus tradiciones y agradecido con su entorno, que se hace grande en lo cotidiano sin voluntad de trascender, pero sin dejar de soñar con un futuro mejor para todos.
En esta manera de entender la vida es donde se conforman, principalmente, nuestros propios valores fundacionales. Es imposible comprender la propia existencia de la Cooperativa sin conocer antes la historia sobre la que echó sus raíces y el esfuerzo colectivo con el que se le ha ido dando forma durante todo este tiempo.
Porque algo tan “del poble” como la Cooperativa solo puede salir del esfuerzo de todos los que hemos sido, somos y seremos. Solo conociendo nuestras calles, trayectoria y recorrido adquiere sentido una organización como la nuestra, casi anacrónica vista por extraños e imprescindible a los ojos de cualquier crevillentino.
Por eso, para intentar comprender nuestro pasado y presente, para que nunca se pierda de vista la historia que nos ha traído hasta aquí y ha sentado las bases de nuestro futuro, la Cooperativa ha querido aunar en un libro nuestras luces y nuestras sombras, dando forma a nuestra tradición con una pequeña muestra del archivo gráfico local.
Para dejar constancia de que han sido 100 años de esfuerzo, 100 años de ilusión, 100 años de entusiasmo, 100 años de alegrías, 100 años de orgullo… Son 100 años ya, 100 años aun, 100 años de puro crevillentinismo.
Desde tiempo inmemorial, la humanidad, al haberse convertido en consciente de la muerte, ha buscado la manera de dejar constancia de su paso por una vida fugaz. También nos resulta prácticamente obsesivo intentar atrapar los recuerdos de nuestros familiares y de nuestras vivencias, que el paso inexorable del tiempo hace que se nos escurran de las manos. Escribió Salustio que es menester “hacer que nuestro recuerdo sea lo más duradero posible”. El antiguo historiador se refería, evidentemente, a la ejecución de acciones virtuosas que conseguirían que nuestros descendientes nos mantuvieran durante más tiempo en la memoria, que nuestro recuerdo tardase lo máximo posible en desvanecerse. Pero este tipo de actos no están al alcance de todas las personas, ni todo el mundo puede encontrar un Homero que cante sus gestas para la posteridad. Por eso, superar los límites de la existencia terrenal, y sortear el abismo del olvido de cualquier manera posible o mediante cualquier soporte físico que pudiera simular prolongar nuestra vida, forma parte de las aspiraciones y anhelos de la civilización.
Desde los perfiles en ocres y rojos de la mano que nos servía de herramienta, en las paredes de roca de Lascaux en Dordoña, los monigotes cazadores de Ares del Maestrat o la mujer que recolecta miel en las cuevas de l’Aranya, en Bicorb, este anhelo de inmortalidad, logrado en mayor o menor medida en su plasmación física, ha acompañado al ser humano en su periplo por el mundo. Retratos funerarios etruscos esculpidos en alabastro o modelados en terracota, estatuas de mármol de patricios romanos, cargando con las imágenes de sus antepasados en sus manos, máscaras funerarias de cera, retratos sobre madera de Al Fayum, pinturas de danzas rituales prehistóricas en abrigos de montaña valencianos, colosos egipcios, cabezas gigantes idealizadas en la lejana Rapa-Nui, jóvenes atletas y doncellas celebrando la vida en la decoración de la cerámica ática, pinturas en tela de monarcas pomposos en sus lujosos aposentos, o de campesinos de fiesta en la plaza del pueblo… mil y una maneras de embellecer el mundo y, al mismo tiempo, de buscar transcender, perdurar y ser recordados.
Pero fue en el primer tercio del siglo XIX cuando pareció que el ingenio humano había encontrado la fórmula definitiva de la inmortalidad: atrapar la luz y las sombras en un papel. A partir del tercer decenio del 1800 la fotografía, creada por Joseph Nicéphore Niepce y perfeccionada por Daguerre, se convierte en uno de los grandes inventos que cambiarán el curso de la historia de la humanidad para siempre. Nuestra propia imagen y la de los familiares, los paisajes que rodean nuestra existencia, los sucesos y ocasiones que deseamos recordar en la lucha contra el paso inexorable del tiempo, parecía que podrían vivir ya para siempre, capturados por la magia de esta invención genial.
La nueva tecnología consigue que, lo que había sido un privilegio exclusivo de las clases altas, que hasta aquel momento habían pasado a la posteridad gracias a la mano de artistas pintores, esté por fin al alcance de todo el mundo.
La fotografía, perfeccionada rápidamente, y contando con el favor de las mejoras en las comunicaciones durante la primera Revolución Industrial, salta de una a una de las grandes urbes europeas, hasta llegar rápidamente a todos los rincones del mundo, y se convierte en el testimonio de la vida, del universo material y moral de la humanidad y también de la naturaleza que nos rodea, que observamos y clasificamos a través de nuestro prisma mental.
Sabemos que las primeras fotografías de paisaje que se tomaron en Alacant y Elx se remontan al final de la década del 1860 y se pueden relacionar con la llegada de la línea de ferrocarril desde Madrid. En el último tercio del siglo XIX en Alacant y Elx se instalan muchos negocios de fotógrafos. De este momento deben de provenir las primeras fotografías de crevillentinas y crevillentinos de clase burguesa o con suficientes recursos como para permitirse este pequeño lujo.
Difícil resulta saber cuándo se hicieron las primeras fotos del paisaje del pueblo. Como candidata principal tenemos una que, por su aspecto y color, parece una albúmina, anterior al 1900. Está tomada desde el barrio del Pont y presenta una de las vistas más repetidas de Crevillent, desde los pintores decimonónicos hasta finales del siglo XX: el pont Vell y las palmeras de la Rambla, con la mole del castillo todavía dominando el paisaje y el solitario campanario de l’església Vella, actualmente de la plaza del Mercat, porque el campanario de la iglesia actual (uno de los protagonistas del skyline de Crevillent hasta principios del siglo XXI) no se construyó hasta la década de 1920.
En las primeras décadas del siglo XX lo que predominaban eran las fotos de estudio de familiares, muchas de ellas ampliadas y colgadas de las paredes de los hogares para recordatorio de los difuntos, otras convertidas en tarjetas postales para circular como correo, con abuelos, abuelas, padres, tíos, familias con poses serenas, bodas, niños, o jóvenes uniformados orgullosos con aspecto marcial.
Es con el siglo XX, sobre todo a partir de los años 1940, cuando la fotografía en Crevillent experimenta una expansión enorme. La mejora y abaratamiento de las máquinas fotográficas y de las técnicas de revelado, propicia en Crevillent la proliferación de fotógrafos locales, como por ejemplo, Agustín, conocido popularmente como el Senyetes, y el tio Pepe el Tortet, y otros que, procedentes de fuera, como Samper, de Elx, y Alcaraz, montaban su estudio en nuestro pueblo.
También nos visitaban eventualmente fotógrafos provenientes de Elx, como el Santapolero, sobre todo en ocasiones destacadas, como el Viernes Santo. Todos ellos, por un precio módico, retrataban las personas, la vida cotidiana y las fiestas, haciendo durar así nuestra ilusión de transcendencia. A partir de los años 1960 será cuando comiencen a abundar las cámaras fotográficas de particulares, que se usarán para intentar recoger el máximo de momentos familiares posibles, principalmente de la cría de los hijos.
Sin embargo, llegará el tiempo en que muchas de estas fotografías, arrinconadas en el fondo de un cajón, dentro de una caja metálica o pegadas en un álbum de páginas amarillentas, comienzan a caer en el olvido, a medida que las generaciones van sucediéndose y las persones fallecen y no queda ya nadie que las recuerde. Entonces, en el mejor de los casos, estas imágenes del pasado aparecerán en algún mercadillo de papeles y libros viejos y, en el peor, se las llevará el basurero, o la pala excavadora, juntamente con las ruinas de la vieja casa, o con la tierra de la cueva, deshabitada desde hacía años, allá donde la última generación las dejó abandonadas.
Para este libro hemos querido que desfilara una selección de todas estas fotos: las de la palma del Domingo de Ramos, las de los pasos en el Calvario, las de pastoretes y pastorets de san Pascual, las de bodas, bautizos, comuniones y entierros, las de niños y jóvenes, novios, familias, abuelos y abuelas, filadors y otros oficios, y vacaciones en el Pinet, fábricas y huertos, palmeras y casas. Todo aquello que puede ser testimonio de nuestra vida cotidiana de hace tan solo unas décadas, todo aquello que no quisiéramos olvidar.
Todas estas escenas (que tan solo son una parte mínima de la enorme cantidad de material fotográfico que ha pasado por nuestras manos) hemos querido que formaran parte de esta miscelánea, ordenadas en grupos temáticos para reflejar lo que ha sido la vida y el paisaje de Crevillent en la centuria pasada, el Crevillent de nuestros padres y abuelos. Un tesoro cultural que consideramos de inmenso valor, como testimonio de lo que ha sido nuestra vida y para lograr, en definitiva, que este recuerdo nuestro, convertido en colectivo, perdure todavía un poco más.
Esperamos que nuestro trabajo, además de despertar vuestra nostalgia y de satisfacer la curiosidad de las generaciones más jóvenes, os encoraje precisamente a buscar, proteger y conservar, como el tesoro que son, aquellas fotografías impresas en papel en blanco y negro, que encara duermen, escondidas en vuestros cajones y armarios.
Desde la editorial, queremos expresar a las familias nuestro más sincero agradecimiento a todas las familias, vecinos, vecinas y personas colaboradoras que han cedido sus recuerdos más íntimos en forma de fotografías atesoradas en casa con cariño durante años para la elaboración de este libro. Ha supuesto un acto de generosidad excepcional al abrirnos una ventana íntima a sus recuerdos vitales. Gracias a estas aportaciones personales, este libro es mucho más que un archivo visual: es un testimonio vivo de nuestra historia y de quienes la han construido con su esfuerzo, su alegría y su memoria.
Queremos hacer una mención muy especial a «Fotos Agustín», cuyo excepcional fondo fotográfico histórico es ampliamente conocido por los crevillentinos por reflejar la sensibilidad y rigor de la vida de nuestra localidad a lo largo del tiempo. Su contribución ha enriquecido de manera significativa este proyecto y merece, por ello, un reconocimiento destacado.
Finalmente, agradecemos también a todas aquellas personas y entidades que, aunque no vean aquí sus nombres o imágenes por falta de espacio, han colaborado de una u otra forma. Sin vuestra confianza y vuestro espíritu de comunidad, este libro no habría sido posible.
PUBLICACIÓN Y EDICIÓN: Cooperativa Eléctrica Benéfica San Francisco de Asís Coop. V. | Grupo Enercoop
DISEÑO Y MAQUETACIÓN: Grupo Enercoop | Departamento de Comunicación y Marketing
FOTOGRAFIAS: Cedidas por vecinos y familias de Crevillent
Archivo Grupo Enercoop
Fotos Agustín
CREVILLENT A TRAVÉS DE LA IMAGEN
La fotografía ha sido un elemento fundamental en nuestras vidas. Desde que en el año 1827 Joseph Nicéphore Niépce consiguió fotografiar una estrecha calle de Paris, la fotografía ha dado un salto en su evolución impresionante. Desde aquellos equipos que los primeros fotógrafos transportaban en la espalda, desde Daguerre a Fox Talbot, pasando por Kodak que democratizó la fotografía, hasta nuestros días, sabemos qué es tener un documento gráfico impreso.
La Luz de un Pueblo, nos va a permitir revivir aquel Crevillent del pasado, recordar a personas, rememorar acontecimientos o simplemente llegar a entender cómo era la vida en Crevillent unas décadas atrás. Y tras todas estas historias hubo una persona. Un hombre que, cámara en mano, supo captar esas vivencias anteriormente mencionadas, que supo reflejar el momento, con un toque distintivo, elevando la fotografía a la categoría de arte.
Hablamos, cómo no, de nuestro padre, Juan Agustín Ramos. Gracias a él, Crevillent tiene una extraordinaria memoria visual que nos permite, hoy en día, volver a habitar parte de nuestro pasado.
A través del lente de su cámara, logró hacer algo más que tomar fotografías, se convirtió en el guardián de nuestra memoria colectiva.
Cada vez que se observan sus imágenes, se hace un viaje extraordinario por nuestra historia.
Supo capturar la esencia de Crevillent: la belleza de sus paisajes, el pulso de nuestra industria, la alegría de nuestras fiestas y el alma de su gente.
Nos deja un legado visual gigantesco que trasciende generaciones. Gracias a su paciencia, talento y sensibilidad, el pasado de nuestro pueblo quedará grabado para siempre.
Puso el nombre de Crevillent en alto y nos ha regalado el mejor espejo en el que podemos mirarnos.
Para nosotros es difícil hablar de nuestro padre sin perder de vista su faceta humana, pero también es justo que las generaciones presentes y futuras, aquellos niños y jóvenes que puedan ojear este libro, puedan valorar quién fue Juan Agustín Ramos y la trascendencia que tuvo su obra en la historia de nuestra población.
Juan Agustín Ramos nació en Crevillent, el 12 de enero de 1916. De familia humilde. Sus padres fueron José Agustín Juan y Concepción Ramos Candela, siendo el pequeño de 5 hermanos: Concepción, Ramona, Ramón y José. Su infancia transcurrió en su casa-cueva situada en la calle Llorens, en el barrio de la Salud. Fue un niño muy inquieto y estuvo siempre dispuesto a aprender.
Su visión de las cosas, desde su más tierna infancia, hizo que tuviera claro que lo que sus ojos veían tenía que quedar plasmado y que de alguna forma esos instantes quedaran guardados como testimonio de lo acontecido para la posteridad.
A la edad de veinte años y al estallar la Guerra Civil, en 1936, decidió alistarse en el ejército como voluntario de aviación, eligiendo el cuerpo que le permitiría aprender su gran pasión, el de fotógrafos.
No cabe la menor duda de que eso le permitió aprender y adquirir conocimientos y amplitud de miras, llegando a ser cabo de fotógrafos y forjando una disciplina que haría de la cámara su más fiel compañera, compaginando así sus tareas cotidianas, como encargado de una fábrica textil de Crevillent, con su amada pasión. En 1953 le fue otorgada, por el Gobierno Civil, la autorización para ejercer como fotógrafo.
Contrajo matrimonio con Dolores Mas Pastor con quien tuvo 5 hijos: Loli, Aurora, Conchi (que falleció a los 2 años), Juan José y Ramón José.
Montó un pequeño estudio fotográfico, siendo éste el primero instalado en Crevillent, donde con minuciosa paciencia y en su tiempo libre, revelaría esas preciosas imágenes que su cámara había captado. En 1954 abrió una pequeña tienda en la calle Purísima, trasladándola después a la calle General Mola (actualmente Primero de Mayo) donde quedaría fijado su estudio y laboratorio fotográfico.
En 1965, tras salir de una grave enfermedad, se dedicó exclusivamente a la fotografía hasta su fallecimiento en 1972.
Muchas veces, sentado delante del ordenador (el nuevo laboratorio), me sorprendo hablando conmigo mismo, pero dirigiéndome a mi padre y pienso… cómo habrías disfrutado con los medios que hoy disponemos para poder expresarnos, con las nuevas tecnologías, casi ilimitadas; pero cada cual vive su época.
Dejaste un gran legado, tal vez sin ser realmente consciente, pues antes no se tenía el mismo valor ni la consideración que se tiene ahora por las cosas antiguas, legado que todavía perdura.
La Cooperativa Eléctrica San Francisco de Asís, ha hecho posible un sueño que yo acariciaba desde hace mucho tiempo. Agradezco desde aquí a la Cooperativa y a Juan Agustín Ramos, por su inmensa colaboración y como no, al pueblo de Crevillent, que es al que va dirigido este maravilloso trabajo.
Este libro es una auténtica joya para poder conocer, valorar nuestro pasado y mantenerlo vivo, día tras día. Una obra que nos permitirá también recordar a Juan Agustín Ramos, nuestro padre.
Juan José Agustín Mas
Ramón José Agustín Mas
Alba Agustín Alfonso
AUTORES:
Glòria Candela i Gonzálvez (Coordinadora)
Josep-Antoni Aznar i Pérez
Sergio Lledó i Mas
Vicent-Josep Pérez i Navarro
PUBLICACIÓN Y EDICIÓN: Cooperativa Eléctrica Benéfica San Francisco de Asís, Coop. V. | Grupo Enercoop
DISEÑO Y MAQUETACIÓN: Grupo Enercoop | Departamento de Comunicación y Marketing Grup Enercoop
FOTOGRAFÍAS | FOTOGRAFIES: Cedidas por vecinos y familias de Crevillent | Archivo Grupo Enercoop | Fotos Agustín
IMPRESIÓN: Laboral Gràfica S.L.
FOTO PORTADA: calle Chacón, Crevillent
DEPÓSITO LEGAL
ISBN:
Crevillent, 2026 | Primera edición
Todos los derechos reservados de reproducción

