La rambla y los huertos

La Rambla puede considerarse el accidente geográfico más destacado que configura la fisonomía del pueblo de Crevillent. Tiempo atrás fue la barrera natural a cuyo borde se resguardaba, sobre una peña, el alcázar y el pueblo amurallado de origen islámico. También era como una arteria de la que el pueblo se surtía de todo tipo de beneficios: agua, materiales de construcción, hierbas, tierra de cultivo, espacio de ocio y de trabajo.

Con la expansión del barrio del Pont (al otro lado del pont Vell, tal y como indica su nombre) la Rambla se convierte en una especie de columna vertebral del Crevillent que hacía tiempo que había superado los límites de su foso (el vall) y muralla, y se transformó en un lugar muy poblado y lleno de huertos, más aún casi que la Rambla, más ancha, del pueblo vecino de Elx.

Las casas de Crevillent situadas a orillas del ribazo asoman sus fachadas posteriores a la Rambla como si fueran balconadas; estas casas, principalmente las de la calle de la Séquia, hoy llamada calle Llavador (también conocida popularmente como “el carrer dels rics”), que albergaban a algunas de las familias acomodadas de Crevillent desde el siglo XIX.

Extendían su espacio por la Rambla en forma de fértiles y exuberantes huertos, llenos de palmeras y de todo tipo de árboles frutales de los que se crían en nuestra tierra: granados, limoneros y naranjos, entre otros.

Estos huertos son porciones de tierra más o menos rectangulares, que eran la prolongación de los viejos caserones decimonónicos de los Magro, los Quinzets y otras familias pudientes. Estaban delimitados generalmente por muros hechos de yeso y piedras que le ganaban terreno al fértil lecho de la Rambla.

También grupos de cuevas, viviendas mucho más humildes, aprovechaban la vertiente del otro lado de la Rambla para arracimarse en lleixes y asomarse así también a este espacio abierto.

Son abundantes las fotografías que muestran el paisaje de la Rambla, y son una extensión de las primeras vistas que existen de nuestro pueblo tomadas por artistas pintores del siglo XIX, a semejanza de las primeras panorámicas del pueblo de Elx. Nos referimos, claro está, a las estampas bellísimas de Crevillent pintadas respectivamente por De Villèle y Engalière, hacia 1830 y 1850 respectivamente.

De hecho, la que consideramos que podría ser la primera foto conservada de Crevillent tiene como protagonista la perspectiva de los huertos de la Rambla, con las palmeras y el pont Vell dominando la escena y con los restos de la mole, antes imponente, del castillo y la torre de la iglesia vieja a la izquierda, como telón de fondo.

Durante todo el siglo XX esta vista en concreto y toda la Rambla en general serán objetivo preferido de los fotógrafos. Será retratada desde muchos puntos de vista y en múltiples ocasiones. 

Estas instantáneas muestran un paisaje de una belleza extraordinaria que, comparado con lo que hoy en día tenemos, nos hace conscientes de cuál fue la estética del pueblo que habitaron nuestros mayores y qué es lo que nos ha quedado de todo aquello.

Puente de Jorge Juan (o Puente Nuevo) y, a mano derecha, vemos l cúpula de la Iglesia de la Santísima Trinidad.

Terrenos, a la izquierda, donde posteriormente se construyó la Ciudad Deportiva.

A la derecha de la foto observamos la antigua Fàbrica Gran.

Huerto del tío Datilero.

Rambla y, en primer plano, las chimeneas de las cuevas.

Puente de Jorge Juan.

El Puente de Jorge Juan. Arriba del puente, a la izquierda, el antiguo lavador (hoy Biblioteca Municipal); bajo del Puente, a la izquierda también, lleno de palmeras, lugar donde se ubica hoy uno de los patios del colegio Escoles Noves.

Puente de San Sebastián o Puente Viejo, hecho para poder comunicarse con el barrio del Calvario.